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El uso del calor con fines terapéuticos data de cientos de años atrás. Existen datos de la aplicación de diferentes tipos de calor en casi todas las culturas. En occidente las primeras observaciones registradas pertenecen a Hipócrates, hacia el 500 a. c. En el esplendor del imperio Romano, los baños termales constituyeron un hábito, creando instalaciones completas para el tratamiento de enfermedades por el calor húmedo y seco, y en aplicaciones locales o generales.
A través del tiempo el uso de la termoterapia se fue perfeccionando y aparecieron otras formas de calor como los infrarrojos. Hoy por hoy la técnica se ha robustecido encontrándonos ya frente a la corriente alterna de alta frecuencia, que por ser alterna no manifiesta efectos electrolíticos; en razón de su alta frecuencia carece de acción excitadora.
Desde el punto de vista médico podríamos definir a la alta frecuencia, como un procedimiento de termoterapia por conversión de energía eléctrica que utiliza corrientes alternas de frecuencia muy elevada. Gracias a esto, la alta frecuencia está indicada toda vez que se requiere una hipertermia bien localizada, enérgica y de preferencia en profundidad.
La hipertermia local produce una neta disminución de la viscosidad de los líquidos y coloides orgánicos, lo que facilita los desplazamientos. Esto justifica el empleo del calor local para acelerar la reabsorción de derrames, en especial hidrartrosis, y el drenaje de cavidades infractuosas.
La respuesta normal a la calefacción de un tejido es la vasodilatación y la apertura de capilares (capilarización), aumentando el flujo capilar, acrecentando la filtración y facilitando la reabsorción de líquidos intercelulares en exceso o de derrames intracavitarios. Estas modificaciones circulatorias son indiscutiblemente importantes en la aplicación terapéutica como en los reumatismos articulares crónicos, especialmente en la artrosis y en las secuelas de traumatismos osteoarticulares para incrementar la circulación local y mejorar el trofismo tisular.
El calor es un agente de acción analgésica moderada y lenta, pero efectiva, elevando el umbral de las terminaciones algo sensibles. La acción analgésica del calor se utiliza en neuralgias, dolores traumáticos y reumatismos extra-articulares. Paralelamente a la acción analgésica, el calor tiene efecto antiespasmódico sobre los músculos esqueléticos y lisos, por lo cual se le emplea en cólicos viscerales, hipertonía, contracturas y calambres.
Finalmente, el calor de alta frecuencia provoca una atenuación de la actividad general del sistema nervioso y sedación psíquica, que justifica el empleo de la balneoterapia caliente para los estados de excitación o tensión psicosomática
La diatermia capacitiva está indicada:
 | En los procesos inflamatorios crónicos del aparato genitourinario, donde la alta frecuencia es insustituible. Tal es el caso de las anexitis, enfermedad inflamatoria pélvica, adherencias posquirúrgicas, prostatitis, epididimitis, etc.
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 | En las enfermedades reumáticas y degenerativas, la alta frecuencia está indicada en las artrosis, periartritis hombro y caderas y especialmente en fibromialgias.
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 | Síndromes traumáticos: fracturas de fatiga, esguinces, luxaciones y secuelas de fracturas posquirúrgicas, La alta frecuencia acelera la reparación tisular y formación de callo óseo.
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 | En las neuralgias, especialmente las ciáticas, neuralgias del trigémino y secuelas post-herpéticas.
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 | En otorrinolaringología, la alta frecuencia encuentra su aplicación en sinusitis tórpidas, otitis media no supuradas o en las supuradas después del drenaje. También se emplea en las otosclerosis, por la acción circulatoria del calor.
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 | En las enfermedades respiratorias tales como el asma bronquial, bronquitis, enfisema pulmonar.
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